Sobre comer solo y cocinar para uno.

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La gente que vive sola tiene rituales. Siempre. Aunque estén diluídos, disfrazados de simples “costumbres” por la cotidianeidad. Algunos rituales son de celebración de la libertad y la emancipación. No diré quién pero alguien, ahora que está solo, dice que comenzó a ir al baño con la puerta abierta y se auto-celebra cada vez que lo hace (pensar que para los que tenemos bebés el triunfo es poder ir al baño con la puerta cerrada, cada uno a lo suyo). En mi caso, el primer tiempo que viví sola, me gustaba cada tanto andar por mi casa sin nada de ropa y con mis mejores zapatos. Era algo que en ese momento (hace como diez años) me hacía sentir muy bien.

♪♫ I Walk Alone – Kiss ♪♫

Otros rituales son para enmascarar o sobrellevar la soledad. Algunas personas encienden la radio o el televisor y lo dejan de fondo todo el día aunque no estén mirando nada, sólo para habitar el silencio. Y es que la soledad, aunque a veces nos encante, aunque tenga una belleza profunda, tornasolada, compleja, no deja de sernos algo ajeno, extraño. Algo antinatural. Estamos diseñados para manejarnos en tribu. No hay nada de malo en no querer estar solo, es una ventaja evolutiva. Hace miles de años, si te hubieses quedado solo probablemente hubieses sido devorado por un depredador.

Ahora bien, hay gente que está más o menos cómoda con la soledad. Sea en un caso o en otro ¿cuántas veces a la semana nos tomamos el tiempo de cocinarnos y sentarnos a disfrutar una buena comida? Y cuando digo cocinar y digo buena comida me refiero a lavar, pelar, cortar vegetales sin abrir ninguna lata o bolsita. A preparar una comida de cero. A sentarse a la mesa y disfrutarla. Me recuerdo con esos tacos altísimos que tanto perturbaban al vecino de abajo abriendo bolsitas de verdura congelada y medallones de quién sabe qué. O un humilde pan con queso. A veces una bolsa de papas fritas. Y comiéndolos frente a la tele o la pantalla de la computadora. Comer porque algo hay que comer, comer para no morir. Disfrutaba muchas cosas estando sola, ir a comprarme un libro o un long play en una tienda de usados y escucharlo al llegar, darme un baño de inmersión, abrir una botella de vino, pero el momento de comer era un trámite.

 

Por qué no cocinamos para nosotros solos.

 

Comer es algo social. Comemos para reunirnos, para intercambiar, para conversar. Para el que vive con familia o amigos, a veces es el único momento del día para estar juntos. En cambio, comer solo en silencio no es divertido. No es divertido, punto. Y para hacer otras actividades más vale tener las manos libres. Mejor comer algo rápido y pasar a lo que sigue.

Cocinar para uno no es sencillo. Un día decidimos adquirir el deseable hábito de cocinar y comer mejor, preparamos una tarta, una lasagna, unas lentejas. Y acabamos comiendo una semana entera de tarta, lasagna o lentejas. Muchas de las cosas que se compran en el mercado no son fáciles de reducir a una porción o no sabemos regular las cantidades. La comida se hecha a perder y finalmente claudicamos.

Comer solo implica que no debemos decidir con otro qué comer. La responsabilidad de comer (y de comprar comida) es mía. Puedo comer lo que quiera. Puedo comprar lo que quiera. Si estoy antojado, puedo comer chatarra sin arruinar el aparato digestivo de nadie más que el mío. Si me estoy cuidando, puedo hacer una dieta súper estricta sin matar de hambre a nadie más que a mí. Y si no tengo ganas de cocinar, bueno, es simple, puedo no cocinar.

Nos olvidamos de comprar. Para el que vive solo, muchas veces la comida es algo que no se planifica, se resuelve en el día a día. Porque al trabajar y/o estudiar no sabemos a qué hora llegamos, porque hacemos planes sobre la hora y salimos a comer o nos juntamos a comer con alguien, porque cerró el super, porque no es algo que tengamos incorporado a nuestra rutina…

Pero no vamos a hacer venir al del delivery por una porción. Y no saber cocinar empeora todo. El problema no es saber cocinar. No hace falta saber cocinar si se sigue una receta y en internet hay de sobra. El problema es que tenemos dos o tres comidas que sabemos preparar y que nos gustan y las vamos rotando. Normalmente esas comidas están preparadas con los mismos ingredientes en distintas versiones, por ende, estamos incorporando los mismos escasos nutrientes.

 

Algunos consejos para cocinar para uno

 

  • Algunas de las mejores cosas de la naturaleza vienen en la uni-porción justa: Una palta. Un huevo. Un tomate. Etcétera.

 

  • Lo deseable es salirse de la idea de comer todo con pan. Pero es algo que saca de apuro, si se es creativo puede ser una forma gloriosa de terminar el día. Un wrap, pan pita, un bagel, una tostada con algo. Cuando era chica mi mamá nos daba un revuelto de acelga salteada con cebolla, huevo batido, algo de queso rallado y lo montaba sobre una tostada. Lo gratinaba al horno con más queso. Una comida simple y maravillosa.

 

  • Invertir en buenos condimentos. Lo mejoran todo y si estamos solos nos van a durar mil años. Además, nos van a incentivar a cocinar. Curry, pimentón español, nuez moscada entera y no en polvo, pimienta para moler en el momento. Una plantita de romero o de orégano para alegrar la cocina. Aceite de oliva. Un BUEN aceite de oliva. Otro mundo.

 

  • Tener recipientes ideales para cocinar una porción. Sartén y olla pequeñas, buen cuenco de barro o cerámica para arroz, sopa, pasta. Si se puede meter al horno o microondas nos permite gratinar la pasta, hacer un huevo en cocotte, un souffle y otras magias.

 

  • Cocinar extra para comer después. El secreto está en no tener almacenada mucha cantidad de una sola comida, sino ingredientes o preparaciones por separado. Así, en lugar de hacer un balde de arroz con vegetales salteados, tenemos arroz por un lado y vegetales salteados por otro. Un día comemos arroz con vegetales, otro día comemos croquetas de arroz, con los vegetales hacemos un pastel y así. La idea es tener pasos adelantados para cocinar con poco tiempo y esfuerzo.

 

No es lo mismo estar solos que estar con nosotros mismos. Comemos todos los días por necesidad. Pero la comida también puede ser placer, energía, incluso medicina. La comida es el combustible que nos permite ser y hacer lo que deseamos. Honremos el ritual de cocinarnos a nosotros mismos, aunque sea breve y lleno de simpleza. Involucrémonos en lo que ponemos en nuestro cuerpo y en ese gran momento de recarga que es sentarse a comer.

 

Ilustración por Alex Ghoulmez

cargocollective.com/ghoulmez

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