Sobre comprar de estación / Strudel de Otoño

Estoy azorada con los precios de los vegetales. Me concierne porque soy vegetariana, claro está. No sé cómo estará la carne porque no consumo, las proteínas de origen vegetal hace tiempo que no son una cosa tan barata como antaño, pero no es algo de ahora.

♪♫ The The, This Is The Day ♪♫

Es ridículo pagar casi 6 dólares por un kilo de simples morrones/pimientos/ajíes. Por un puñado de tontos puerros. No tiene sentido. Acaricio un atado de remolachas. No soy de las que aprietan descaradamente la mercadería, pero que la toco, la toco. La mitad del peso son tallos. Las chauchas están más caras que el maracuyá y las berenjenas casi alcanzan a los hongos Portobello. Hace tanto que no pruebo una palta. Me quedo estupefacta entre las góndolas pensando en cuándo se han convertido en artículos de lujo o si me perdí de algo.

No, no tiene sentido. Que se entienda, no es tacañería y tal vez una de las cosas que más se compra en mi casa es comida. Pero es que haciendo un cálculo mental, pienso en el tamaño, calidad, costo de estos productos. El rendimiento que les daré para cocinar a mi familia, el aporte nutricional que nos harán, y simplemente no me cierra. No obstante, hay un gentío constante que se agolpa indiferente con bolsitas de plástico en la mano a depredar los cajones, tocar, agarrar, pesar. Parece no importarles. En medio del caos, echo un vistazo nuevamente. ¿Qué comemos?

Y es esta mi sugerencia de hoy. En algún extremo de la verdulería habrá algo que se ofrezca en gran cantidad, de buen aspecto y a precio razonablemente bajo en comparación al resto. Eso es lo que debemos comprar. Lo que está en su estación. Por estos días, calabazas de todo tipo. Lo que crece bajo tierra: papas, batatas, cebollas. Verduras de hoja verde oscuro, espinaca, acelga. Repollos y akusay. Los tomates son del verano, pero había unos de racimo especialmente bonitos y recordé que las plantas de mi mamá estaban volviendo a brotar. Sin contar que se viene la temporada de resfríos y el mercado se atiborra de cítricos. Mandarinas con gajos como caramelos, unas sin semilla que enloquecen a mi hijo. Esto es lo que yo encontré. Camino a la caja y voy pensando en qué comeremos estos días con lo que compramos. Miro el carrito del súper y hay una armonía bastante interesante en lo que estamos llevando. Hay variedad y equilibrio de colores y de nutrientes, ahí está todo lo que necesitamos comer. Y pienso una vez más en que no hay mejor ni más inteligente manera de vivir que entregarse a la naturaleza y a sus ciclos. Siempre tiende al equilibrio. Y no falla.

strudel 2

Strudel de Otoño

 

Masa Philo, 1 paquete

Aceite de Oliva, a gusto

2 cebollas

2 papas

Medio atado de espinaca

1 taza de queso en hebras

1 cdita de fécula de maíz

Sal

Pimienta

Nuez moscada

 

Salteo las cebollas con una pizca de sal hasta que estén tiernas y transparentes. Si liberan mucho líquido, puedo agregar la fécula de maíz para espesar. Cocino las papas al vapor hasta que estén blandas y las piso para lograr un puré con textura, al que condimento con una pizca de sal, pimienta, un poco de aceite de oliva y nuez moscada. Dejo enfriar ambas preparaciones.

Mientras tanto, extiendo la masa Philo sobre la mesa. En mi paquete vino una hoja grande que doblé a la mitad. Pueden usar más cantidad si desean una masa más gruesa (esta masa se compra idealmente fresca en las tiendas de comida de Medio Oriente). Pinto la masa con aceite de oliva y la superpongo. Si no tienen un pincel para alimentos, les doy esta idea: pueden atar varias ramitas de romero y mojarlas con el aceite, le dará un sabor muy agradable. En un extremo y a lo largo ubicar las papas pisadas, encima la cebolla, el queso y por último las hojas de espinaca. Enrollar o envolver como si fuese un regalo, volver a pintar con aceite y llevar a horno hasta que dore.

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Antes de terminar, quiero saludar a mi mamá porque hoy es el Día del Ceramista. Estos platos son su última creación. El de la cerámica, aseguran, es un camino muy emocionante y sin retorno, si están en eso o conocen a alguien que esté en eso sabrán de qué hablo. Feliz día a los ceramistas, que dominan la alquimia de la tierra y develan el secreto arte del fuego, llenándonos los días y la cocina de cosas hermosas.

 

Fotos, texto, receta: Laura Otero

Cerámica: Ana Suárez

 

 

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Carolina dice:

    Hmmmm! Suena riquisimo! Gracias por compartir la receta!

    Me gusta

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