Sobre maternar en tribu / Rolls de zanahoria y sésamo

♪♫ April March – Attention Cherie ♪♫

 

Este post debió estar por aquí hace como un mes. Bueno, hagan de cuenta.

Fin de año trae aparejado un montón de encuentros y celebraciones. Algunas veces nos sirve para cerrar un ciclo junto a personas que nos han acompañado en un determinado proceso. Otras veces la gente simplemente actúa como si se estuviera por morir. Llega fin de año, como si una cinta transportadora nos acercara cada vez más a una cuchilla trituradora y todo aquello que no intencionemos antes del 31 de diciembre será hecho pedazos y no sobrevivirá.

El año que pasó fue para mí muy intenso. Encontré nuevos rumbos, y me moví por lugares impensados. La maternidad cambia radicalmente la forma de concebir y de crear el mundo. Aprendí a encontrar en mí las semillas de la paciencia y de la entrega y las vi florecer. Y luego dar frutos. De cara al nuevo año, respiro hondo, me encuentro concretando algunos sueños que eran para mí muy lejanos, pero abordándolos desde este nuevo ser y esta nueva vida que agradezco cada día.

Atravesar el puerperio es despertarte un día en otro planeta. Nadie te avisa esto, simplemente ocurre. Y lo que sucede es que las mujeres actuamos como si viviéramos todavía en la superficie terrestre, es lo que se espera de nosotras. Pero no, no podemos. Estamos en el planeta puerperio. Un planeta lejano, con su propia gravedad, su atmósfera, con sus propios ciclos, sus días y sus noches. Y orbitamos alrededor de otro Sol. No resultaría tan difícil de entender, pero al parecer lo es.

Todo regresa un día. El peso, el sueño, el tiempo. O tal vez no. Tal vez simplemente con el tiempo aprendemos a aprovechar, optimizar, organizar y sacar partido de otra manera a nuestros mejores recursos. Hay una cosa que con certeza no vuelve: la belleza de estos días. Las siestas con teta. La contemplación del cachorro. Contar sus deditos, oler su respiración dulce. Verlo aprender algo nuevo cada día. Fusionarse, ser uno con él. Esto nos aterra, nadie quiere dejar de ser uno mismo porque nadie quiere desaparecer. Pero no desaparecemos. Nos amplificamos. Vivimos a través de dos seres. Nacemos de nuevo. Y ese proceso dura tan poco, tan poco en realidad.

No hay nada ni nadie que no puedan esperar. Salvo esa persona. Nadie nos necesita más que él o ella. Y aquello que podemos darle, nadie más puede dárselo. Así que hay que dárselo. Ilimitadamente.

Y esto es normalmente dos cosas: upa y teta. Los niños quieren upa y teta. Y estar siempre cerca. Y no por unos pocos meses sino por algunos años. No hay adultos que sufran enfermedades o trastornos por haber recibido demasiado amor. Pero sí hay adultos que sufren enfermedades o trastornos por no haber recibido amor. Y son muchos. Vivimos en un mundo que gira en torno a cumplir los designios de adultos insatisfechos e inválidos emocionales. Así que desde el inicio, estando presentes en ese trabajo sutil de cada día, podemos hacer la verdadera diferencia.

No hubiese sido lo mismo para mí atravesar este momento de mi vida sin mi tribu y recomiendo enormemente a cualquier persona, madre o padre, encontrar o crear una. Una tribu es normalmente una red de mujeres, que están también navegando el océano de la maternidad y pueden servir como un gran sostén. Creo que una tribu se completa con familia, amigos, aquellos que pueden acompañar y vibrar empáticamente todo lo que sucede en esta nueva vida.

Hace poco nos reunimos a despedir el año con nuestra tribu en el espacio de Patricia, de donde surgió nuestro grupo y donde la mayoría hicimos yoga estando embarazadas. La noche anterior preparé estos rolls de zanahoria y sésamo casi improvisados que gustaron mucho y prometí pasar la receta. Celebramos un año intenso, en el que llegaron muchos de los bebitos del grupo. Nos acompañamos las panzas, las dudas, las lactancias, los mocos, los sueños, los consejos, las fiebres, los cansancios, las historias de cada una. Nos sostuvimos en los miedos, en las alegrías, las crisis, las buenas y las malas noticias.

Por eso dedico el post de hoy a Anita, Tali, Vero, Vale, Caro, María C., Vivi, Jime, Sabri, María L., Barby y Clara. Bellas mujeres que encontré en este camino (y que son lectoras de este blog ¡hola chicas!).

Y a sus hermosos cachorros que veo crecer junto al mío: Alfon, Mora, Teseo, Emi, Mica, Cata, Anto, Mía, Salvi, Dante, Caetano, Agus y Elena.

Estos rolls salieron de apuro con lo que tenía, están inspirados en la versión dulce de los famosos rolls de canela. Es una buena opción salada para el té o para acompañar con una cerveza. La receta alcanza como para unos 20, dependiendo el tamaño. En este caso mezclé harina integral con harina común porque me había quedado poca. El resultado me gustó y la masa quedó más suave, levantó mejor. Pero pueden usar la harina que tengan o prefieran.

rolls-lr-002

Rolls de zanahoria y sésamo

 

Para la masa:

300 gr de harina integral

200 gr de harina común

1 sobre de levadura

300 cc de agua (aproximadamente)

1 cucharada de azúcar mascabo

1 cucharadita de sal marina

Aceite de oliva

Sal y pimienta.

 

Mezclar los secos con los líquidos, añadiendo el agua de a poco hasta lograr un bollo homogéneo. Amasar un buen rato y dejar levar una hora en un lugar calentito. Yo usé la máquina de hacer pan en el modo de amasado y ni me enchastré las manos.

 

Para el relleno:

2 zanahorias grandes

½ taza de aceite de oliva

1 o 2 dientes de ajo

3 cucharadas de semillas de sésamo (más otro tanto para poner arriba)

Sal marina, pimienta

Jugo de 1/2 limón

 

Pelar las zanahorias y cocinar al vapor hasta que estén muy tiernas. Licuar con el aceite, el limón, los ajos, sal y pimienta. Es importante dejar enfriar si las zanahorias aún están calientes.

Extender la masa con el palote en forma de rectángulo hasta que tenga 1 cm de espesor. Cubrir con la preparación de zanahorias y espolvorear por encima las semillas de sésamo. Es buena idea dejar al final un margen de 2 cm sin relleno para que al finalizar el enrollado no se escape la mezcla, si se pinta con un poco de agua este borde, se pegará mejor. Enrollar cuidadosamente la masa, el rollito debe quedar lo más apretado posible. Cortar este rollo en rodajas de 2 cm de espesor y acomodarlas en una placa para horno pintada con aceite de oliva. Dejar levar hasta que aumenten su volumen. Espolvorear con sésamo y llevar al horno hasta que estén doradas.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Anita dice:

    Gracias Lau por el post! Acompañadas es mas facil transitar ese otro planeta! Se las voy a hacer a Alfon y despues te cuento!

    Muchos besos

    Anita

    Me gusta

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